Taoísmo Práctico
El taoísmo es un sistema filosófico -más que religioso- de la antigua China. Desde la mirada occidental ha sido vinculado al nombre de Lao Tsé al cual se le atribuye uno de sus textos centrales y, en todo caso, el más famoso, el Tao te king[1]. El Tao, prácticamente es el único referente que ha tenido una popularización en occidente. Tao es una voz china que significa vía o camino. Es una palabra que se vincula al concepto de orden y de unidad del universo.
En los siglos -IV y –III existían autores vinculados al pensamiento taoísta de cuyo saber apenas se han conservado testimonios escritos. Además del Tao te king , se conservan otros dos libros que constituyen el soporte fundamental del taoísmo filosófico. Se trata de Chuang-tsé[2] y Lié-tsé. Son compilaciones que engloban textos de varias centurias y por lo tanto presumiblemente escritos, o complementados, por varias manos y generaciones.
El taoísmo sostiene que lo real remite a la unidad y que la realidad multidiversa encubre el fondo de su unidad. Este real no lo explica suficientemente aunque lo interpreta como un principio universal de unidad y de orden inefable y misterioso. A esta instancia suprema quedan relegadas y absorbidas todas las actividades vitales. La realidad fenoménica es un conjunto de aparentes contradicciones, expresadas en el vaivén del yin y del yang, de lo positivo y lo negativo, de lo verdadero y lo falso. El taoísmo y sus practicantes aspiran a unirse a esta realidad suprema por medio de la reflexión, la meditación, la contemplación y el éxtasis. Esta instancia significa superar los espejismos de la realidad. El alcance de la inmortalidad sería la trascendencia del mundo ilusorio.
En su tiempo el taoísmo práctico introdujo prácticas gimnásticas y fisiológicas de cuidados corporales para prolongar la vida y dotarla de una mejor calidad vital con una aspiración a la inmortalidad. Esos aspectos más materiales fueron priorizados durante la época Han y así transformada en religión. El taoísmo bajo la influencia del budismo construyó templos y monasterios mezclando la magia y la superstición popular y un talante no dogmático.
En su popularización actual en nuestras latitudes el taoísmo es una visión de búsqueda del más allá de lo inmediato y lo sensible. Sus máximas son propuestas de reflexión y criterios con los que enfrentar la vida sin ser dañados por ella. No es una propuesta de lo trascendente sino una manera filosóficamente trascendental de sobrevivir a lo intrascendente, lo coyuntural, lo conflictivo, lo profano, lo cercano. Es bajo esta noción que se puede hablar de un taoísmo práctico como de un conjunto de criterios, que desde su abstracción permitan sobrevivir al peso de lo concreto del cada día. Un criterio es una fórmula, un tesoro conceptual que tiene más valor que su representación matérica. Un criterio es un nodo esencial dentro de una visión filosófica de la naturaleza humana. Y para vivir, no es suficiente con las tarjetas bancarias, el patrimonio acumulado, el puesto de trabajo, la fuente de ingresos, la familia o los coches en el garaje; para vivir es necesario, por encima de todo, saber cómo hacerlo, teniendo un patrón personalizado con el que enfrentar avatares, disyuntivas, vicisitudes y momentos de confusión. Lo qué nos hace vivir es una visión existencial, en el sentido del concepto de tener una idea de María Zambrano. Para vivir, además del tener circunstancias y objetos que las llenan, hay que tener una noción del ser, de lo que se es y lo que se quiere ser; y para todo esto es necesario un cuerpo de criterios una teoría de la propia existencia y una visión de la vida; en definitiva, una filosofía privada. El taoísmo práctico es un diseño fluido de ideas, que permiten entender la pluralidad del panorama de la realidad, adaptándose a las variaciones de ésta; no para poner las metas o soluciones en el traspaso de lo vigente sino para coexistir con soltura y mando en las situaciones irremediables.
El taoísmo práctico es una manera ocurrente para trazar el encuentro con el real de cada uno en la búsqueda que haga de sí mismo; sabiéndose parte del todo universal sin renunciar a su condición de soberano en su particularidad.
Para nada es una sugerencia sutil de rescate de una antigua opción religiosa antes bien sí lo es explícitamente para superar la necesidad del vínculo religioso con cualquier clase de cofradía o congregación.
La vida deja por balance la construcción de una cierta cantidad de predicados existenciales con cuyo saber, antes de empezarla, la habrían autentificado y gozado aún más. Una filosofía práctica de vida es la que enseña a superar el apego a las coyunturas y a las formaciones materiales para conectar con lo esencial. Es la que enseña, también, a trascender el yo fundamentalista por el yo etéreo. Entendido que todo remite a la transformación y a la fugacidad resulta fundamental vivir la biografía para trascender las religiones[3], en uno de sus presupuestos, en lugar de caer en la trampa de esperas transmateriales o transcorpóreas. Esto no quita el reconocimiento de saberes procedentes de otras partes del mundo que han venido a enriquecer nuestros linajes culturales donde nos han hecho aportaciones críticas a la vida tangible introduciendo otros conceptos dimensionales de lo real. Me he dejado penetrar relativamente por la influencia de algunos textos orientales sin, por eso, afiliarme a una militancia orientalista supuesta alternativa a la mística occidental. Ni ésta nos ha resuelto las angustias existenciales en los países del desarrollo, ni aquella se ha constituido en la garantía de la dicha integral de los humanos.
Por encima de cualesquiera parábolas mesiánicas la quintaesencia de cada propuesta de saber es el texto sentencial breve que, en forma tan inocente como presuntuosa, acompaña los pasos de la reconciliación del ser con su tiempo. Un apotegma es la llave de una cerradura aunque su forma de dicho escueto, referencial y pintoresco lo ligue la RAE[4] a las voces célebres de personajes destacados. Heme aquí probando suerte, en la galería de los nominados, tomando la palabra desde mi patente anonimato.
[1] traducido como el libro de la vida y de la virtud
[2] que toma el nombre de su autor, o su principal autor: Chuang Tsé vivió a finales del IV antes de Cristo
[3] Esta idea está mas desarrollada en el punto Para trascender r las Religiones dentro de mi libro Espiritualística
[4] RAE diccionario de la lengua española 21 ed. Tomo I Madrid 1992

