El juicio del Semblante
La interrogación sobre el otro prodiga más preguntas sobre el cómo que sobre el qué. El “¿quién es?” suele traducirse por el “¿qué cosas hace, cómo se gana la vida, como viste o qué lugares frecuenta.”? Las preguntas sobre lo que piensa o lo qué dice ocupan un plano distante en la indagación. Las perversiones culturales.cada pregunta tipo señala el interés del preguntante y puede sintomatizar la ideología que sustenta tal pregunta. Ya sabemos que podemos adivinarnos los unos a lo otros por el modo de hablar y más concretamente por el tipo de construcciones verbales que hacemos, en particular el tipo de preguntas en las que queremos vertebrar una conversación. Cuando las preguntas configuran un damerograma donde ir poniendo todas las respuestas de estatus, ubicación, estilos de vida e imagen podemos inferir que la mentalidad interrogadora de quien pregunta se basa en una prioridad evaluativa acerca de si ese otro preguntado conviene o no para los propios intereses.Incluyendo dentro de estos los de la familia. cuando el pregunta a su hija con quien sale, de que vive este alguien o l objeta su modo de vestir, en ultima instancia está mas preocupado por la estabilidad familiar o privada que no por la felicidad de la hija y su desarrollo experimental e intelectual. Cuando alguien se interesa mas por tus cabellos o la incompatibilidad entre su idea de una barba recortada y la realidad de la tuya te está indicando que prioriza el look a la esencia, el cuerpo a la alma, la verdad aparente a la verdad profunda. Cuando alguien dedica parte de su tiempo verbal a hablar de cualquier otro personaje publico o conocido por los interlocutores sobre sus modos, sus tics, su ultimo modelo de coche, con quien sale, con quien ha roto o sus formas visibles; está mostrando en su forma de conversar que sus intereses intelectuales y culturales no van más allá de las apariencias y que su interés por el otro es meramente circunstancial y superficial.
Una posición importante de las construcciones verbales humanas son para emitir juicios de valor sobre el semblante ajeno. Los hablantes parecen no tener tiempo para indagar quien es el otro antes de emitir un juicio sereno, sino que sufren una pulsión para posicionarse lo antes posible en el ruedo de las relaciones humanas.Y eso se hace la mayoría de veces con elementos perceptivos -generalmente visuales- antes que valorativos y comunicativos. ciertamente no tenemos tiempo para todos y para todo, con lo que antes de profundizar con alguien probablemente ya tenemos una actitud implícita tomada hacia este alguien en función de la imagen que nuestra sistema computa de el/ella o en función de lo que nos han dicho de eta persona.ambas vías posicionales remiten a pre-juicios. con lo que el juicio del semblante ajeno se basa en un pre-concepto sobre lo qu consideramos que el otro es, o como el otro se ha de comportar.
He comprobado que la gente que tiene más necesidad de emitir juicios del semblante ajeno remite a dos premisas:una manera de tomarse la vida y a los demás como objetos decorativos y superficiales y -sobre todo- una autoignorancia sobre su propio semblante. Diríamos que quien llena las conversaciones sobre como visten, se peinan o se perfuman los demás son personas sublimes de especial categoría cuya dignidad y elegancia les permite emitir sus opiniones con rotundidad. Sin embargo hay gente cuya imagen es deplorable (pantalones acampanados y apedazados ,prendas desconjuntadas, caras feísimas, pingajos corporales,...)y que sin embargo se atreven con sus juicios y sentencias. Lo que es más, las asesorías de imagen y los técnicos de protocolos -que no por pocos son inexistentes- producen un montón de ideas y reglas sobre el comportamiento público y vestido de los demás.Son maestros en superficialidades, en hablar y no decir, en crear imágenes humanas sin personas, en beber de copas vacías, en comer comidas inútiles y en hablar conversaciones superfluas. Todo un arte desde luego si atendemos al hecho de que el mundo lo que más sufre es su terror al vacío y a la nada , cuya manifestación más patética es el de no tener nada que decir. Tal profesión es una ramificación mas de una visión protocolaria de la existencia en la que no se deja surgir a la espontaneidad -a la cual se le tiene verdadero miedo- y en la que todo tiene que estar previsto, pre-dicho, pre-decidido, pre-.formulado y pre-avisado, y cualquier evento que escapa de lo pactado es un inconveniente o mal visto. El protocolo puede estar justificado por razones de seguridad física de altos magnatarios o anfitriones pero sobre todo viene determinado por razones de intocabilidad psíquica de quienes se protegen con él. Es una manera de mantener a cada cual en su redil, es decir en su rol aceptado.fuera de este rol será inaceptable, criticado, maldecido y apartado. Os imagináis cualquier señoría sentado en su retrete o hablado de tu a tu en cualquier coincidencia de ascensor (que nos diría Michel Montesquieu de haber conocido los ascensores).El protocolo es una construcción mental-cultural que las distintas épocas han ido necesitando y han ido perfeccionando en aras a necesidades viscerales de clase o casta para no entrar en las verdades personales. Y el protocolo e las formas existe en todos los acontecimientos humanos en mayor o menor medida y no exclusivamente en los espacios palaciegos, en las citas diplomáticas o en las fiestas de las embajadas.
En cualquier grupo de salida para compartir una tarde de domingo o una excursión en el que supuestamente hay una amistad, la gente tiende a juzgar a los demás por sus apariencias y por las informaciones indirectas.aun factor numérico mayor o a una complejidad de relaciones numéricas aún se da más esas dinámicas de pre-juicios.
La superficialidad ocupas el lugar de la esencialidad cuando quien se deja poseer por aquella no tiene suficiente sensibilidad y habilidad para saber entrar en ésta. El juicio del semblante remite a una reminiscencia aristotélica según la cual la realidad se limita a la información que producen los sentidos.Si estos sentidos dictaminan de un otro que no tiene el patrón de belleza estándar o que no viste de acuerdo a los cánones de la moda es excluido radicalmente del campo de interés directa. cabe una analogía con la historia de las ideas.si la historia de la filosofía pudo alcanzar su edad adulta con el Renacimiento a partir de desembarazarse del corsé de mirada intocable de Aristóteles que había regido por casi dos milenios, también la mirada de las verdades alcanza su criterio maduro cuando se atreve a mirar las personas que hay tras su caras y bajo sus ropas y ademanes.
el semblante expresa pero no resumen ni completa al otro.Es su envoltorio.Su papel de envolver:el caramelo está dentro. Quien entienda que un papel inadecuado no puede encerrar un gusto bueno se queda en la forma o en la apariencia.sus sentidos quedan atrapados por el color y la postal, no por los contenidos y el ser en si mismo. Ver al otro como un ser en si es antagónico a verlo como un ser para mi. Una parte del comportamiento humano viene regulado y decidido porque es un comportamiento asociado al de los demás.Las formas de vestir y de aparentar vienen influidas tanto por las modas y actitudes reinantes como por un deseo íntimo de agradar a quien nos hace tema de su mirada. La sutilidad de este interacción va del extremo a crear un look totalmente pensado en ser objeto de consumo para complacer al otro, a crear el propio en virtud del modo en que un sujeto más cómodo se siente con la imagen que da.
La imagen de cada cual es la resultante de complejos procesos psíquicos personales y de influencias sociales. La imagen es virgen al nacer,como un lienzo en que pintar, y se va convirtiendo con el paso del tiempo en una mezcla de lo que uno quiso ser y no consiguió y lo que uno es aunque no le apetezca. El recién nacido tiene la cara que le proporciona la naturaleza, el púber y adolescente trata de tener la que quiere conforme a sus deseos de ídolos e ideales del yo, y el viejo tiene la cara que le corresponde tras las múltiples cocciones de todas sus pasiones.
Toda cara acaba revelándole a quien la tiene lo que es sin estar de acuerdo con todo el aspecto. No hay potingues o peluquerías que puedan esconder del todo la personalidad de fondo, aunque toda simulación de semblante si revela la personalidad que necesita esconderse tras ella.
Un exceso de energía a cultivar el semblante consume una energía en detrimento de otros cultivos personales. Ser una cara o un cuerpo puede tener por pago no ser. Y desde la posición e la mirada valorar una imagen tiene por riesgo carecer de aptitud por conectar de tú a tu, de persona a persona, con el otro. La psicoestética es importante y el ser humano -más que ningún otro animal- viene necesitando decorar su piel para expresar sus deseos y sus necesidades, pero convertir esta necesidad en un consumo cotidiano de tiempos excesivos para uno mismo va en contra de otras dedicaciones que darían frutos más substanciales. ¿quien pone la dosis de estos tiempos? y ¿quien decide los frutos personales a conseguir? Obviamente cada sujeto es el responsable de ello. No tiene sentido fijar unos tiempos.Cada cual sabe en su intimidad lo mucho o lo poco que dedica a su imagen. Lo que si sabemos es que mayor tiempo de dedicación no significa una mayor sensibilidad ni a unos mayores logros de creación.el multicolorido hippie y su juegos de flores substantivizaron y masificaron unas formas antes no logradas la vez que eran alternativas a las antiguas maneras y esfuerzos para los cuidados corporales[1] . La imagen es un proyecto, un diseño artístico. El cuidado corporal en todas sus dimensiones también es una manera de conectar con una determinada gente y hacer una determinada demanda de correspondencia. Hay imágenes que nos atraen y otra que nos alejan, bellezas que se limitan a la cara y esconden la suciedad con desodorantes y otras que no necesitan elementos artificiales para revelarse en todo sus salvajismo natural y guapura.
Cuando el sujeto necesita hacer pasar su seguridad personal por su semblante pone el simulacro de un look en el lugar de la esencia de un ser rindiéndose al peso del looking, al dictado de quien observa o de la sociedad que mira.
La proliferación de variantes viene permitiendo la coexistencia de distintas modas y antimodas y ello ha permitido un lujo de diversidades y un incremento de las tolerancias. ¿qué mas da que el otro esté cargado de cadenas, alfileres en la piel, crestas, huesos en la nariz, aros de metal en el cuello, pendientes, peircings, rallas en la derecha del cabello, barbas, moustaches, colas, moños, gasas por vestidos,camine con sandalias ibicencas o vaya sin zapatos? ¿Es tan prioritaria su imagen para pasar a las preguntas del ser dejando de lado las de la forma? Instintualmente se tiende a estar con aquella gente que se te parece y se rechaza a aquella otra distinta.Lo similar produce un halo segurizante y lo disimilar da un cierto miedo.
Hay un hilo conductor entre la indisposición a un semblante ajeno, con una indisposición capital a cualquier variable.La intolerancia por colores de piel o lenguas distintas no está tan lejos a la intolerancia en las formas de vestir o de estar. La necesidad de construir y emitir prematuramente un juicio por el semblante ajeno suele esconder una impotencia por admitir la personalidad distinta como una fuente complementaria además de una ignorancia destacada ante el propio semblante que , mira por donde- no tiene por que agradar a quien es juzgado[2] , pero que tiene la cautela o la consideración -otras formas protocolarias- de no decirlo.
El juicio del semblante apriorístico acaba por impedir un juicio del ser y en consecuencia el progreso de una comunicación interpersonal. Y esto pasa tanto si el juicio es favorable como desfavorable. Por encima del elogio o rechazo de la imagen ajena prevalece la naturaleza de este acto en el que el otro es evaluado, decidido y saldado en función de su continente y no de su contenido.
Tanto para el que recibe el juicio como para quien lo emite,siempre que sea haga de ello una cuestión central, una noción no escrita de incompatibilidad aflora impidiendo otras conversaciones ilustradas.
Separarnos de esta pulsión inmediatista de tener que decir lo que el otro nos parece por su semblante no significa un divorcio de las opiniones sobre el gusto sino un rescate de otra sensibilidad estética no tratada como premisa para otras conexiones comprensivas, intelectuales o íntimas. Encerrar las conversaciones en diálogos sobre el semblante es no salir a la vez de puestos superficiales de la interlocución.
En el debate sobre figura y fondo la gestalt de lo que somos y podemos ser se escribe viendo nuestras interacciones con los contornos y la verdad de nuestra fuerza en ser nosotros mismos sean cuales sean las influencias que nos rodeen.
[1] en El graduado, uno de los trabajos que hizo furor en la filmografía de aquella época, uno de los diálogos habla que dedicar mas de un rato a la imagen es considerado una pérdida de tiempo en contra de otras cosas mas satisfactorias de la vida.
[2] acostumbrado toda la vida a ser objeto de critica por mi semblante (y desde luego por mi modo de vivir la vida)en distintas clases de gente siempre me ha sorprendido un común denominador, la tristísima imagen de los criticantes, tan interesados en hacer de detectives de los errores ajenos sin caer en la cuenta de sus propios crímenes contra la estética.

