Pensamiento Condensado

 

 

Hay verdades tautológicas  que sólo el terrorismo ideológico contra la razón puede negar. Hay postulados de la evidencia que los ciegos de la ira no van a reconocer. Hay axiomas del saber destilados a lo largo de los siglos  por el concurso de miles de pensadores y millones de seres humanos que han unido sus experiencias. Hay enunciados que se constituyen en reconocimientos indiscutibles.Y, afortunadamente, hay gentes que todavía creemos en el valor de prodigarlos y difundirlos.

 

El mensajero del apotegma es un conjunto de aforismos   presentando micro-textos  que condensan reflexiones de ahora y de siempre sobre el  sujeto vivo y su mundo.

 

En tanto que textos atemporales, no contienen citas nominales o enumeración de situaciones coyunturales.

 

Si una sinopsis,  que da una referencia, pero no el argumento que resume; o un dibujo que representa el objeto da la idea de éste, pero no traslada todas las contingencias del mismo; tampoco una sentencia teórica  es toda la elaboración que contiene. La solapa de un libro o su presentación jamás sustituyen la necesidad de leer la novela, aunque sí pueden llamar la atención sobre ella o por el contrario quitarla. Lo mismo un aforismo en tanto que condensación no sustituye jamás la necesidad de seguir las pautas elaborativas que han llevado a ella. Un predicado es a la vez un  puesto terminal del descanso de una  reflexión como el primer paso que pide hacer todo el camino que ha llevado hasta ella.

 

Todas las cosas se pueden decir maximizando la simplificación y ahorrando el mayor número de palabras pero con esto se corre dos peligros: uno, la injusticia de toda generalidad y dos,  la crítptica del enunciado inalcanzable si no hay una reflexión considerable sobre ella.

 

¿cómo decir las cosas con un máximo de economía de texto sin traicionar lo que se quiere decir? y ¿cómo decirlas para que no pierdan público?

 

Cada frase ha de ser cuidadosamente elegida, cada palabra y cada pausa, cada mayúscula y cada cursiva. Y a pesar de toda la delicadeza, la garantía de decirlo con suficiente claridad y rotundidad no resulta tan fácil.

 

Un enunciado puede insinuar una tesis pero no  puede capturarla. Tiene más a ver con un saber intuitivo que con un saber demostrativo. De hecho, no hay necesidad  para la demostración; basta con la meditación sobre su adecuabilidad.

 

No presento un ensayo de elaboración , sino un conjunto de enunciados que me fueron anunciados por  las experiencias del vivir y del hacer, del estar y del ser, del creer y del razonar, del amar y del  desamar. Es,  por consiguiente, una  palanca para la  co-elaboración pública. Lo que aquí sólo alcanzo a intuir o apuntar puede mover a la pasión reflexiva en un otro que vaya más allá de lo dicho por mi, y de lo que con suerte, incluso tuviera noticia.

 

Haberme dado permiso para escribir pensando  y compartir lo escrito y lo pensado  es un atrevimiento que cuenta con la indulgencia lectora. Escribir es una de las posibilidades del lenguaje  que se hace posible en tanto que acto proyectivo del  pensar. Y pensar lleva, inevitablemente, a conclusiones duras que deslegitiman fantasmas que contaminaban las interpretaciones.

 

Pero las conclusiones sólo son paradas provisionales en un cobijo intelectual que pronto se hace pequeño .Es en toda su provisionalidad  y,  por lo tanto, falta de certeza eterna que hay que tomarlas. De lo contrario el peligro del moralismo conceptual convierte la filosofía en un recetario vulgar de reglas de comportamiento.

 

El despliegue de unos apuntes sobre principios, con pretensión de universales, puede caer en las trampas de ese formato de moralidad. Nada más lejos de mi intención que meterme en un listado de máximas recetarias, adaptadas como consejos, en una fraseología oportunista y autoritaria. Preferiría caer por deceso en el relativismo  que conduce a la tolerancia que, por exceso, en el conclusionismo que conduce a las normativas restrictivas.

 

Es así que cada enunciado en forma axiomática deja abierta la puerta de atrás de su fondo para ser cuestionado sin piedad si la empiria y/o la reflexión dan otras posibilidades redaccionales.

 

Siempre me pareció que tratar de resumir en unas pocas palabras una biografía de exploraciones constituía un fracaso asegurado. ¿Cómo condensar sabiduría de siglos en unos pocos términos? ¿cómo meter en algo pequeño el gigantismo de las bibliotecas?  ¿cómo meter en ecuaciones la prosa de la literatura universal? Y sin embargo la tendencia elaborativa corre hacía la condensación, hacía la destilación en una  lógica  de innumerables campos de la argumentación.

 

Al meterme en ese empeño, de pronto, sin darle tantas vueltas, me he dado cuenta que en lugar de decidir escribir un libro de aforismos; éstos, los aforismos, espontáneos y fluentes han decidido por mi. Así es,  me descubrí escribiendo algunos  durante una sesión de email o en una conversación   improvisada presencial o por chat, y continué haciéndolo hasta construir el presente resultado.  Un aforismo es un saber condensado. Una sinóptica.Una pirueta verbal que no sucumbe a la forma del verso aunque tenga algún estilo que se le parezca y por eso lo confunda. Un aforismo es el sueño ideal de decir en un número contable de sílabas siglos de tradiciones de pensamientos. ¿Quien no se arriesgaría a este propósito? Autores de todos los tiempos[1]  han pretendido acuñar frases inmortales para las que han preparado canteras de   discursos escuetos. Este es el sueño teórico: poder decir en clave lo que consume la mayor parte de tiempos verbales desparramados en anecdotarios y relatos. Esto lleva a pagar la factura de la incomprensión cuando no del desprecio ante aquellas sentencias poco claras.

 

Las estructuras  aforísticas han sido y son una tentación  para la golosidad intelectual. Wittgenstein sostuvo[2]  que sólo se puede hablar de aquello que se sabe, de lo contrario lo mejor era callarse. Me pregunto en qué podría estar ocupada la gran masa de hablantes si sólo hablara de lo que realmente sabe. Se haría el silencio. El aforismo tiene una doble versión: como enunciado que propone una posición interpretativa existencial y como sentencia categórica. De la segunda opción me he desmarcado y en la primera permanezco y me temo que permaneceré, en tanto que es inconcebible la existencia física y mental sin enunciados, se  tenga o no todo el conocimiento para gestarlos y seguirlos.

 

La exposición aforística cumple al menos tres funciones: la de ser precisado para uno mismo el propio pensamiento, la de buscar su aplicación práctica como criterio existencial por y para la felicidad y bienestar social; y tres, la provocación intelectual para que otros tomen su posición ante ella.

Una construcción de máximas al gusto de todo el mundo tal como pretendiera Séneca se hace un imposible. Antes bien todo razonamiento evidencia una contraparte: la sin razón o la locura. Toda postura lleva en sí misma el germen de la discordia y la imposibilidad del consenso total. Diderot[3]  deslegitima los razonamientos universales como fondos argumentativos y probatorios.

 

El principio de unidad teórica total se hace inconcebible.Y sobre este supuesto cada teorema choca con los límites propios de su concepción. Sin embargo, contiene,como si de un sujeto humano se tratara, su función simbólica y su excitación imaginaria dentro de su cancha real.

 

El aire de sentencia breve y doctrinal del aforismo es más su semblante que su realidad. Es a la vez conclusión y tesis, predicado y algoritmo, ley y transgresión, que se propone como ropuesta axiomática o indiscutible en aquel punto de lo que se ocupa. Cuando lo repasamos y coleccionamos como conjunto de máximas y apotegmas, los cuales están atribuidos a personas generalmente ilustres, podemos chocar con el hecho de subrayar y hacer nuestras tesis en si mismas antitéticas, lo cual viene a demostrar que una idea puede tener valor en si misma referida a la circunstancia aplicable.Y que dos ideas contrarias acaban haciéndose hueco en el reservorio intelectual en tanto son de aplicación a circunstancias distintas.

 

Intuitivamente nos gustaría que  cada criterio tuviera el valor de un apotegma para poder construir con el una fórmula matemática tal que nos diera un resultado único y sólo éste. Tal como una  multiplicación para averiguar  la superficie de un polígono regular, obtenida como el semiproducto de la operación que multiplica su perímetro por su apotema. Mientras el trato con las matemáticas deja indemne la ideología de quien hace el cálculo, el trato con las frases no deja exento de peligros sociales a quien las emplea.

 

Un aforismo puede correr el riesgo de convertirse en un  decreto cuando se tumora para convertirse en un dogma de fe. El antídoto es infalible: aplicarle un criterio de lectura y relectura hasta  descubrir el mecanismo con el que ha sido construido y a qué pensamiento compromete y qué vocacionalidad genera.

 

Tomándolo como proceso creativo y vivo deja de lado el peligro de la alienación tras la frase lúcida y fácil para tomarlo como un discurso  abierto. Es así que, el ángel mensajero del apotegma, por  proteccionista que quiera ser con la cobertura reflexiva que proporciona, no deja de ser un discurso aforístico que, como todo discurso, admitirá variaciones y adaptaciones. Discurso, sí, que,  a diferencia de otros textos, pide un plus de atención por su concentración de resonancias en un volumen mínimo de palabras.

 

Si las lecturas bibliográficas son y continuarán siendo para minorías selectas[4]  con tiempo libre, capacidad solitaria sostenida y entrega apasionada a la dimensión intelectual; un texto con enunciados numerados todavía criba más al número de personas que puedan acercarse a ellas. Sin embargo  debo decir que un libro de grupos de frases generalmente cortas es un espejismo de facilidad. He de prevenirlo. 

 

De ahí que  el libro esté pensado para ser leído durante un año entero. Hay 366 puntos que se corresponde con los días del año mas una unidad. Cada uno de los punto es para leerlo al empezar el día y cargar con su idea como material de reflexión.

Los puntos no son correlativos. Cada uno es independiente del anterior y del posterior, aunque algunos se refuerzan mutuamente.

 

El aforismo es un pensamiento concentrado y concéntrico .A través de su idea se pueden relacionar otras muchas.Es  la elaboración destilada: su néctar. És también un préstamo del otro para alcanzar la identidad y aumentar el conocimiento.

 

Tener de un autor una sola de sus frases retenida en la propia memoria biológica es el mejor homenaje que se puede hacer a la memoria de su figura. Pero no es tanto ésta mi pretensión como instrumentar un recurso práctico de manejo para la reflexión sobre las leyes existenciales de la condición humana.

 

La vida hablada es un continuo intercambio de criterios cuya concienciación depende de cada hablante que haya hecho de su existencia un proceso regulado por un cuerpo de ideas. Resumir una filosofía de vida en unas pocas palabras es  un deseo inherente a mucha gente. No me preocupa tanto haberlo conseguido, que tampoco ha sido mi intención, como pasar el centro de atención de los hechos a sus criterios, de las apariencias a sus mecanismos, de los tratos a la psicología de sus relaciones.

 

 

 

 

 

 



[1] Hasta Sánchez Dragó presentó su libro de aforismos en una entrevista jocoso contracultural de Lafuente, sin que aquel llegara a captar loas sutilezas humorísticas de este.

[2] En el tractatus Logico-Philosophicus

[3] Diderot.Pensamientos Filosóficos.  ed. Aguilar Argentina. Buenos Aires, 1973.“Todo razonamiento que vale para dos partes nada prueba, ni para una ni para otra” LV p.66

[4] La mayoría prefiere otras fuentes de información que quemar sus ojos con las letras impresas.Mucho más en una época preponderantemente icónica.

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La transculturalidad es el conjunto de sinergias y fusiones que se van dando entre ideas y energías de distintas procedencias, culturas y cosmovisiones.

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