Sujeto y pronombre neutro
El pronombre de sujeto y el pronombre neutro en la construcción analítica. A lo largo de cientos de páginas diarísticas el pronombre del yo es una continua afirmación acerca de los verbos y acciones más importantes constitutivas del ser. A lo largo del autoanálisis libre de anecdóticas, el yo ha continuado constituyendo una función importante en su relación con un neutro o un ello (it) supuestamente consensuado, o suficientemente aceptado como condición de verdad para el punto de vista analizante, para el mi mismo. Pasarlo todo por el análisis en relación a mi seidad y actuaciones no es disociable de pasarlo todo como una totalidad extensiva y mayor, dentro de la que, en tanto que círculo, supuestamente vivo y me muevo. No trato de pontificar ningún principio ni característica de la realidad a partir de la expresión implícitamente consensual, pero puesto que me siento adherido a un proceso de pensamiento abierto y creativo me permito pensarme o repensarme como portavoz de una elaboración en marcha que compete a muchos aunque no haya un trasvase directo de informaciones y/o conversaciones acerca de él. El yo no captura ni resume al sujeto como totalidad.El yo soy enmascara una cripticidad a pesar de toda la transparencia con que pueda manifestarse. Por eso cada predicado formulado arrastra carencias y escondes elementos de no verdad a pesar de toda la energía de sinceridad con la que se vierta. El yo verbal-izado es definitivamente insuficiente y condenado a una castración por muy alto en el mástil de los valores que quiera elevarse. El yo deviene una entidad disminuida en tanto que el sujeto encierra un universo de potencialidades.Cada individuo contiene y es más que lo que su perímetro y volumen encierran.Cada uno es más que lo que reconoce de sí mismo. Por lo que en cada construcción gramatical con un yo precedente,cabe inferir una información poscedente totalmente insuficiente acerca de su valor de verdad. tratar de paliarlo con las construcciones neutrales que suponen una consensuación implícita del predicado formulado, es despersonalizar su contenido para elevarlo a una categoría de objetividad. Si digo que “los planetas tienen forma esferoide”, me libro de la responsabilidad de la afirmación personal de mi creencia en ello. Los tipos de frase “yo creo/yo sé/yo percibo/yo calculo... que los planetas tienen forma esferoide” incorporan implicaciones subjetivas que pueden ir desde la conjetura y la inseguridad a la exageración de un protagonismo privado en un asunto temático vastamente consensuado. Lo que resulta posible y óptimo con neutros, se convierte en indicadores de conflicto con la verdad,al ser usados los personales. No ya solo con el yo, sino también con los otros pronombres.
Así como una falta de afrontamiento y una crisis de responsabilidad con el yo individual lleva a una compulsión por el uso del nosotros tomado como escudo, también el uso del ello es y del ellos son, puede ser tomado como una delegación de responsabilidad de un algo constatado en un algo/alguien ajeno o distante. El neutro es admitido -y también el plural- en las afirmaciones previamente aceptadas y demostradas con suficiente generalidad, en las elaboraciones académicas y las ponencias o comunicados.El yo, por su lado puede ser indicador de una osadía particular o de una modestia extrema (yo opino, bajo mi criterio,yo me permito entender,...)cuando en lugar de erigirse como un yo postulante lo hace como yo solicitante. En el primer caso el yo más categórico de la afirmación o la sucesión de yoes que vehiculen las diversas facetas de personalidad. cualquier dimensión del yo soy es un descriptor que incorpora la falta de lo que el hablante en realidad es. Tal como esgrime un poema de Roca i Arana,”yo soy más que mi yo”.Es tanto como decir, yo no quedo circunscrito a lo que digo de mí, a lo que hago, a lo que actúo; además de todo eso, sigo conteniendo una identidad superior que no puedo expresar ni delimitar lingüísticamente y sin embargo está contenida en mí. La experiencia previa de este concepto ya estuvo en la interacción por uno con aquello de lo que es hablado por otros. Yo no me identifico con aquello que se ha dicho o dice de mí, como tampoco con aquello que estaba previsto para que yo fueras, que como identidad impuesta y preparada me borraba del mapa para incorporar mi vitalidad a su representación. De hecho,la oposición a los predicados ajenos acerca de lo que yo debía de ser y de las críticas a lo que era, supuso la primera fractura con un entorno de nociones, para una autoafirmación inicialmente triunfante. Desde entonces la lucha por lo consciente pasa por una re-predicación de las sentencias acerca del uno mismo. La construcción analítica es un largo proceso -no exento de momentos dolorosos- de rectificaciones afirmativas sobre el yo como exponente de una entidad que es superior.Ese yo metonímico queda expuesto a críticas duras, en tanto que tímida e insuficientemente pretende acercar la persona de la que es puente a su verdad global.
El paso gradual de los yo como inicios de frase a los neutros es un indicador de progreso en tanto es un traslado de la experiencia subjetiva y particular a su relación con la experiencia colectiva y universal. En tanto vinculo lo que soy, experimento y siento a lo que sucede, es y determina, re-naturalizo el problema personal convirtiéndolo en una característica de la condición natural de mi especie. El mismo hecho circunstancial que trato pasa de ser lo privado que me atormenta o me hace sufrir,en lo colegiado que hace comprender los límites del género humano, y su tesitura en su existencialidad actual,entendiendo por actualidad, la de su historia conocida o documentada. La descripción desde lo neutral subterfugia un paso del yo esmerado al nosotros colectivo para el que nunca concurre del todo, un atrevimiento decisivo.
Si la toma y adopción del yo constituye un adelanto cualitativo en el reconocimiento de los propios trayectos y elecciones como materiales sometidos en gran parte a la propia voluntad; la toma y adopción del nosotros[1] , puede estar castrando la diferencia y sutilidad individual en aras a una genealógica insania de la especie troncal. Todos los credos colectivistas o las coparticiones en teorías de grupos y de movimientos, no liquida una necesidad intima y última del yo.Es el yo soy no dispuesto a convertirse en el yo he sido hecho (, en virtud de las circunstancias, o programado para cubrir necesidades ajenas o a imagen y semejanza de un dios).
En cada afirmante individual en las precisiones de sus predicados propios, revive como individuo y por lo tanto se re-hace y re-crece como persona distincional. En esa misma medida escala la noria de su soledad que la engrandece en tanto que individuo único e irrepetible.Ante las fosas abismales abiertas ante sí por su elección ,tiende a sustituir su vacío recordándose miembro de especie y miembro cultural, y pasa a adscribirse a las formas plurales de expresión para saberse más fuerte y menos solo. Cuando el plural es suficientemente consolidado regresa a la singularidad de una ley,con el uso de los neutros, comprometido con ello un saber concurrente que hace la función beneplácita de aceptar las afirmaciones de esa guisa.Si ante cada nosotros hay que preguntar a que parte de una colectividad está pronombrando,ante cada pronombre neutro, hay que preguntar si obedece solo a un interés subjetivo del hablante en convertir lo que habla en ley universal, o lo que dice ha sido tantas veces dicho por tantos, que tiene implícitamente una categoría consensuada o consensuable por todo el mundo.en el mejor de los extremos, tal consenso queda delimitado por unas coordenadas de tiempo y ubicación y dinámica de conocimientos cuyo movimiento lleva a las revisiones periódicas de lo aceptado, haciendo así de cada neutral una verdad relativa y un razonamiento interminado. Lo neutral puede devenir así una resistencia para no implicar al yo,colocando una falacia de universalidad para no atreverse con un compromiso particular.En resumen, los usos de neutros y de plurales no resuelven la necesidad de rescatar el yo y de vueltas flexibles a su uso, aún en contra de la visión foucaltiana de que podría quedar suprimido el yo individual diluido en el nosotros colectivo. Esta situación sería dable en un supuesto momento histórico de una convergencia de los intereses de la humanidad entera con los intereses individuales. Llegado ese punto ¿acaso desaparecerían las formas d e pensar distintivas e individualizadas?
[1] En la historia del anarcosindicalismo español queda recogida la existencia de un grupo destacado con Garcia Oliver,Ortiz y los Ascaso,que tenía por nombre Nosotros, para declarar con tal denominación que sus ideales eran los ideales de todos: todos nosotros, la sociedad entera, la base productiva, los desheredados y los sin palabra.Al igual que otras denominaciones parecidas basadas en un principio tan universal, su propia ambigüedad lo convirtieron en un proyecto tan demagógico como incapaz de cumplir con el predicado de la pluralidad, es decir de contar con todos, para la toma de las decisiones.

