De la Bibliofilia a la Biblioterapia
En un tiempo en que el televisor doméstico todavía no había hecho estragos en la salud mental pública, la gente tenía más posibilidades para otras actividades lúdicas entre ellas las lecturas. No siempre las lecturas eran por razones informativas, instructivas o culturales. Algunas de ellas dieron lugar a una biblioadicción a materiales que encandilaban a los lectores que tragaban miles de páginas de colecciones seriadas sin que especialmente incrementaran su capacidad formativa pero que sí les mantenía en una evasión de la realidad o en un estado de fantasía permanente. Se podía dictaminar una bibliofilia fronteriza con una patología adictiva en razón a sus contenidos: ciencia ficción, novelas del oeste, novelas lacrimógenas, terror,.... completamente diferenciada de la bibliocolección de rastreadores de incunables o de joyas editadas de raros ejemplares. Con una tradición de siglos de lectura, cada vez más masiva desde Gutenberg, se ha podido averiguar los valores psicológicos de la literatura leída y reposada más allá de sus valores culturales. El saber no ocupa lugar se dice. Y la actitud lectora atenta dice mucho a favor de quien la adopta. La lectura seleccionada permite entrar en un campo de consideración y substraerse por unas horas o por un rato predeterminado por día del resto de la realidad y de sus límites. Es así que se puede hablar de una literatura terapéutica conformada con una biblioselección que puede sustituir otras recetas y cócteles químicos en contra del estrés, del malestar o de la ansiedad. La mejor receta para la mente es una buena lectura. No hay fármaco que la sustituya. La mejor propuesta para la higiene mental pasa por la reflexión sobre ideas que ayudan a repasar las propias actitudes en conflicto y adrede los mecanismos internos que las generan.
La biblioterapia se puede componer de una lista sin fin de libros y lecturas a partir de sugerencias de profesionales de la psicoterapia pero también a partir de las mismas propuestas que se encuentran en las páginas de autores selectos que se vayan leyendo. No pasa necesariamente por los bestsellers de la llamada literatura de autoayuda y en todo caso va más allá de ésta. En un momento dado y para un caso concreto un libro de poesía puede formar parte de la lista y en otro una de ensayo, una biografía o una novela. Este orden de propuestas conecta estrechamente con otras sugestiones para la relajación tales como la escucha de una determinada música, la elección de unos parajes y espectáculos o la minimización de sonidos urbanos estridentes.

