Un doble amor
Ésta es una historia de amor. Un doble amor: amor entre dos personas y amor a lo universal, que para no entrar en complicaciones traduciremos en amor a la humanidad.
Salimos de Barcelona con la intención de colaboración solidaria. Una colaboración desinteresada que nos iba a llevar a los Campamentos por la Paz en Chiapas, ese estado del sur mexicano de indígenas analfabetos e insurrectos que sorprendió al mundo desde mediados de la década de los 90. Nuestro destino: la comunidad de San José del Río, en la selva Lacandona.
La espera en San Cristóbal de las Casas, en la conocida posada de doña Rosita. Tuvo algo de iniciación a los misterios y realidades que íbamos a vivir como cooperantes. La muchachada a la occidentala catapultada por las ONGs de la movida antiglobalización, a ratos una versión kumbayá postmoderna, nos hacía asistir a un primer contacto con el turismo político.
Amantes de nuestro propio amor y del amor a la vida nos fuimos tras el cielo soñado como rastreadores de ideales perdidos, esperanzas calladas, utopías olvidadas y paraísos prometidos, aunque en voz baja sabíamos antes de tomar el avión de las filigranas endebles de tanto idealismo.
La selva virgen tendría todos los contenidos que podíamos imaginar, los habidos y por haber; en lo primitivo, lo más auténtico y en lo escondido, lo más inmaculado que nos pondría a todos a salvo de nuestros respectivos infiernos europeos. Así lo mostraba su concierto permanente de orquestas: animales vivientes junto a la armonía de los elementos, caída de lluvias copiosas y torrenciales, dulces aguas tropicales definitivamente agobiantes envueltas en mosquitos y barrizales y por encima de todo la sonrisa inocente de las gentes nativas con recursos comunitarios y sin malicias visibles.
A orillas del río Dolores los zapatistas nos visitaban por la noche para compartir mesa y brebajes. Ahí estábamos en nuestro campamento en paz, un tanto mugriento con una mesa mal oliente llena de los signos de otros que nos precedieron.
Nuestros visitantes se presentaban unos con curiosidad y miedo, con timidez y mucho respeto. Nos marcaron el terreno de acción y nos dijeron lo prohibitivo y las rayas que no podíamos atravesar. Éramos sus invitados con derecho a tortitas de maíz y poco más. Les bastaba nuestra presencia física para su fuerza y confort y les sobraba nuestro discurso de poetas y amantes.
Los dos enamorados nos unimos tal como se unen los amantes transhistóricos que hacen de sus rincones fábulas de estallido. A falta de hallar el paraíso perdido nos pusimos manos a la obra para crear de cada rincón nuestro cobijo favorito.
En un reguero de amor por la carretera panamericana pasajeros de autobuses de color amarillo crecimos por momentos bajo cielos azules que nos acompañaron sin traiciones. Vivimos la vida de los caminos y carreteras con los contactos más humanos y hospitalarios que te puedes imaginar: asientos para cuatro donde solo caben dos, frutas frescas y jugosas, maíz cocido y tortitas con queso fresco y bananas. Ahí nos encontrábamos los enamorados en nuestra salsa, dándonos los besos más ardientes; con el sudor propio y el de sus gentes mezclados con la magia del ambiente, las cumbias sonando, los predicadores engañando, los curanderos convenciendo, los niños jugando y llorando y nosotros amándonos siempre.
Al llegar a las ciudades paseando por sus calles seguíamos amándonos y besándonos, acariciándonos, mirándonos y admirándonos. No nos importaban las miradas inquietadas, sólo la nuestra importaba en ese momento. En los paseos nos sentábamos, hacíamos poemas de lo hablado y vivido así como la crítica de lo observado llenándonos de las conversaciones más interesantes y tiernas que hayan podido dar dos enamorados. Todas ellas las he hecho yo con mi amado.
Así como las caricias en los cuerpos libres de ataduras físicas y mentales dan la máxima cuota de placeres y distinciones; trasmitiendo ese amor que sentíamos sabíamos convencidos de que es el mejor antídoto para las guerras de los humanos contra los humanos y el mejor campamento de la paz que se puede crear entre hermanos.
El amor que no es sólo cosa de dos es un filántropo universal. Así se da en esta historia entre lo personal y el espacio convivencial, entre lo privado y lo general, entre yo y mi compañero de intimidades.
Pero como toda realidad la nuestra también ha estado dotada de altos y bajos, de momentos duros y amargos: cansados, agotados y a veces crispados salieron al encuentro todos los demonios acumulados, por todas las frustraciones de los inconvenientes, entre otras cosas, de un país desorganizado. Esto hizo salir lo peor de cada uno de nosotros y dar paso a roces en los que nos arañamos las entrañas para luego curárnoslas con los recuerdos del alma acompañada de nuevas raciones de besos sabiendo que el cuerpo no miente y los estallidos de las palabras a veces sí.
Aquí nos queda el recuerdo organizado de un verano de dos locos enamorados –eso dirán- en medio de las miserias humanas de esos pueblos explotados. Artesanías de indígenas , colores anaranjados, azules limpios, playas blancas sin pescado, milpas verdes y amarillas, ríos de barro ensangrentados, mariposas que pasean sus alas gigantes entre caminos trillados por tanques, camiones , metralletas y soldados vigilando junto a los paramilitares que vendían su alma al diablo.
El malestar de los mundos al igual que el de los enamorados es el miedo que se tiene a perder todo lo dado. El miedo a ser poseído/a es la prisión del amado/a . Ese poder que le damos al que nos tiene en sus manos por el amor que le entregamos puede ser un corpiño que nos enfaja y oprime. Cuando la libertad no está del todo en tus manos sentimos que se escapa la pasión bajo el palio del encanto. Ser amantes y dejarnos fluir en el amor de todos los miedos nos ha libertado.
La piedra preciosa del amor tanto del universal como del personal pasa por dejar plena libertad para actuar , libertad para pensar, libertad para andar a tu ritmo y nada más, y que cada pueblo y persona se atrevan a proyectar deseos y reclamar derechos a ser ellos con la consigna triunfal del ¡ahora ya! con todos los afectos e implicaciones, con el mutuo respeto escandalizar si es preciso, respetando la vida, avanzando ante sus impostores, amando las sonrisas, queriendo a los que tengan derecho al querer, dando lo mejor de cada instante en todos lados, allí donde fuimos, aquí y ahora construyendo el presente que nos toca y así asegurando el futuro de la gente.

