La vía ética periodística
LA VIA ETICA PERIODISTICA.
INTERRELACION ENTRE DEMANDA INFORMATIVA Y CALIDAD DE SU OFERTA .
El lenguaje es la simbolización fundamental de todo pensamiento.
Tras el uso de cada palabra determinada reside una cosmovisión o un elemento que conecta con ella. No cabe el error semántico atribuido a un desliz. O no pueden ser disculpadas las equivocaciones expresivas en lo que adjetivaciones se refiere. En realidad los límites lexicales ya vienen determinados por criterios conceptuales preestablecidos. Cada palabra como elemento simbólico está revelando la naturaleza del pensamiento de su usuario.
Los adjetivos de tipo paternalista-comprensivo en el discurso periodístico encubren un grado de incomprensión de lo esencial del tema tratado. Una larga tradición de reportajes sobre la jet set priorizan el tratamiento de la imagen dentro de las relaciones sociales a las leyes que mueven éstas.
La prensa del corazón y su abundancia en los elementos de superficialidad de los protagonistas, construye y mantiene todo un léxico servil a una galería de personajes dados. No extraña pues que los profesionales del medio se vean contaminados por su propia tradición descriptiva en el momento de abordar e integrar noticias sobre un tipo deportivo al que no están habituados y se sometan a una doble interferencia: de una parte el rendimiento de tributo a las excelencias de personalidades -el uso y abuso de la Infanta Cristina- y de otra, la presunción apriorística de que unos campos de actividad habitualmente ocupados por personas no handicapadas, requieren de un plus de animación para ser desempañadas por personas handicapadas. El periodista bien intencionado no puede evitar la exclamación de un redoble de ¡muy bien! ante logros de superación física y deportiva en quienes en principio tienen mas limitaciones de movimiento para realizarlo.
En cuanto a lo primero, el recurso a las personalidades, hay un claro fondo de interés editorial. Hay nombres y personas que por su sola mención despiertan intereses de compra. Hay públicos seguidores de personalidades, estén donde estén y hagan lo que hagan. Fenómeno éste que indica de plano que el estilo o estilos periodísticos son a su vez una representación que colma una clase de gustos de los consumidores de noticias. Es cierto que hay expresiones netas diseñadas por el periodismo y “traspasadas” a los usos de calle, pero no lo es menos que el periodismo toma gustos propios de expresión arraigados popularmente. Un tema anexo, es el estilo periodístico de formador de la ortodoxia gramatical.
Que con sus reiteraciones, conscientes o no, acaba por incorporarse a unos tipos comunicativos discutibles. Fenómeno análogo al de los discursos políticos hablados, cuyas reiteraciones públicas contribuyen, conscientemente o no, al empobrecimiento general de la literatura oral.
El periodismo en general prioriza el hecho referencial por el cual tiene rol y razón de ser, a los cuidados y leyes que los imperativos de la comunicación verbal y escrita, son exigidos. Pero obviamente los extremos perfeccionistas sólo conducen a purismos inviables, ante los que, comparativamente, resulta más operativo otorgar mayor función a un hecho en sí mismo que al modo de representarlo comunicativamente. Esto remite a la vieja controversia fondo-forma, destino-vehículo o contenido versus conteniente. La interacción entre ambos elementos es obvia, lo uno no puede ser concebido sin lo otro, pero también es cierto, que toda elección del modo o medio está ya configurando el concepto.
Cada diseño personaliza un estilo. Y en términos de comunicación de los mas media, la elección de títulos y subtítulos como preeminentes y prominentes está ya condensando no solo el restante de la información sino sobre todo su estigma valorativo.
Desde los tiempos de los grandes periódicos y de la divulgación del concepto de opinión pública (eufemismo que encubre los poderes de manipulación para el cambio de las tendencias de opinión en la sociedad) hasta la actualidad, ha variado la noción de lo que es periodismo. Tanto como la de manipulabilidad de la opinión pública. La categoría de que todo lo escrito es cierto o la versatilidad de algo por el hecho de su multicopiación han pasado como nociones caducas. Cierto que un segmento de la población sigue confiriendo importancia a un hecho, una nota de sociedad, una opinión, por el modio de ser vehiculizado. Las frases sufijas de “lo han dicho en tal lugar” o “lo he leído en tal sitio”, son protocolarias de valor e indicativas de una disposición arraigada de supeditar lo objetivo a la impresión subjetiva. Pero en general los consumos culturales y el aumento de ejercicio de la capacidad de crítica, confiere al público elementos de selectividad, que años atrás, no hubieran sido tenidos ni siquiera en cuenta.
La interacción de estos dos bloques de factores: el de la oferta de noticiables, los medios, y el de los seguidores de aquellos a través de éstos, va configurando la calidad de la oferta. Es obvio que cualquier medio de información, a no ser que esté movido exclusivamente por motores ideologicistas, no se mantendrá en los cauces de una literatura impresentable y deformacionista, si decrece sensiblemente la demanda de ella. La prensa obedece al marco de las leyes de mercado, donde como cualquier otro producto, mantiene el espacio en el que está ubicada, en tanto satisface unas necesidades por las cuales se paga un costo razonable.
Si deja de cumplir éste rol esencial, lo lógico es que muda-pero ostensiblemente-pierda poder competitivo y hasta peligre vehículo distintivo de difusión de noticias. Lo que explica la permanencia de unos determinados medios con sus correspondientes léxicos es también, ésta demanda de pedido. Lo uno se explica y justifica con lo otro, aunque por mucha demanda que haya de un producto, nada puede defender un producto si raya lo nefasto.
¿Como determinar qué factor pesa mas en la sutileza de esta interrelación? Los índices de audiencia miden consumo cuantitativo y si no precisan estimaciones de calidad, los ofertantes de producto pueden continuar creyendo que cantidad es igual o equivalente a otorga. A menudo, el consumidor no tiene otra elección que elegir un producto dado porque sencillamente no existe otro de aquella categoría. También en prensa escrita, el deseo de obtención de noticias pasa por recurrir a los medios disponibles a pesar de su falta de calidad, no pocas veces.
El lenguaje paternalista sería pues una simbiosis entre lo que el público lector ya espera y el poco esmero del profesional de la noticia en trabajar lenguajes y contenidos alternativos.

