Orfandad de héroes.
Los estados prehistóricos de la humanidad han necesitado dioses (para algunas tesis seguimos en la prehistoria y para otras ya hemos llegado al final de la historia). Ellos representaron la encarnación de padres superiores con los que enfrentar la papeleta del destino. Creer era una garantía o al menos lo era para quien hacia del credo religioso lo principal. Paralelamente la mitología proporcionó héroes de todo tipo, modelos a seguir, personalidades completas, guerreros valientes, libertadores. Desde los tiempos documentados, el plantel de deidades y héroes-leyenda ha ido dando paso a personas de cuya existencia hay más o menos constancia o demostración. Varias de las corrientes mundiales se han originado en su existencia. Son o han sido los fundadores de religiones o de planteamientos políticos. Sus imágenes y textos han contribuido a la toma de conciencia y sus argumentos han sido tomados como propios coincidiendo con sus causas. Todo eso iba sobre ruedas y parecía lo lógico hasta que la caída de los ídolos demostró, ha ido demostrando, uno a uno, que no hay referentes posibles a seguir. Tras pasar por el cristianismo, el marxismo y el anarquismo terminas estrellándote en el nihilismo, no el de la negación total sino la negación de la realidad impuesta i las explicaciones dominantes del todo. La necesidad del héroe ha tenido por sostén la necesidad del amparo, del dirigente, del patriarca, del que sabe. A falta de héroes heredados se han inventado para cubrir necesidades de épocas, ritos o batallas. Sin embargo los grandes héroes son cosa del pasado, preguntar por alguno del presente me coloca en un grave aprieto. Podría citar a la tun tun a Mónica Belluci para salir del paso, pero ella no sería más que una heroína de la imagen y de la estética física lo cual no cumple la condición atributiva fundamental del héroe, el de estar por encima de las necesidades de los mortales promedio y sacrificar la propia vida a favor de la de los demás. ¿Hay alguien que lo haga y si alguien lo hace es verdaderamente consciente de ello? Históricamente ha habido muchos personajes que sacrificaron sus existencias o hicieron pivotar sus biografías en torno a causas humanistas; desde Espartaco a Gandhi, desde Milarepa a Malcolm X. Tomar alguno como modelo es tan arriesgado como elegir a alguien de la actualidad y creerte que es la encarnación de la nobleza. Si en la actualidad en la que disponemos de fuentes de info y de comprobación se corre el riesgo del error en apostar por alguien, mucho más con los personajes muertos cuya documentabilidad no está exenta de leyenda y de intereses creados. Por lo general las religiones han explotado a sus fundadores a conveniencia del desarrollo organizativo y expansivo de ellas. Todo lo que tenemos de nuestros antepasados de renombre son imágenes estereotipadas que han quedado como legado no unívoco pero dominante. Profundizar en ellos lleva a la controversia y a la perplejidad cuando se encuentra a personalidades tortuosas e incompletas. El mejor maestro es el que incita a ser discutido en lo que sostiene. Su maestría reside en este criterio, toda una filosofía, más que en lo que enseña. Freire en una de sus sesiones de trabajo con pedagogos discutiendo parte de su tesis de la pedagogía do oprimido declaró o hizo inferir: prescindan de Freire. Es complicado elegir del memorándum de nombres históricos uno que sea polar. En una época puedes sentirte seducido por una determinada gesta de alguien y a la siguiente, con más información en la mano de la historia, relativizar su valor y desmarcarte de sus adeptos. De otro lado la búsqueda del héroe tiene bastante de infantil. Uno hace de Búfalo Bill o de Jessy James de niño en sus juegos de cow boy antes de saber que el uno se prestó al espectáculo de poca monta y el otro fue traicionado y asesinado. Lo que mueve la mentalidad impresionable a buscar un héroe es unos cuantos trazos de carácter: decisión, dominio, coraje, resolución, carisma,…Otros atributos como el de la elocuencia o la literatura no son los más destacables. Poco importa si alguien dice que es un admirador de Napoleón (el que se autoproclamó emperador) o de Gengis Khan. Cada persona destacada que ha trascendido a su país y a su época pasa a formar parte de las citas obligadas en el conocimiento de la Historia y de las sutilezas humanas. De esto a convertirlo en figura de devoción va un abismo. Posiblemente podemos aprender todoas de todoas y eso incluye a los grandes nombres. No me comprometo con ninguno ni de los históricos ni aún menos de los actuales. Con aquellos, no todos, claro, queda la pátina de creer que lo que hicieron fue bueno sin entrar en detalles con los del presente sabemos ya demasiado de éstos para reconocer que vivimos una orfandad de héroes. Solo hago de eco de W.Bilder. Buscarlos o esperarlos tiene algo del orden de la indefensión. Traslada a escala de la materialidad lo que antes se esperaba de la zona de los dioses. Los verdaderos héroes son sujetos sin nombre. Son los muertos de todos los batallas enterrados en la fosa común, son los prisioneros ahora de Guantánamo, los que se ahogan en el Atlántico buscando un continente mejor para sobrevivir, los que pintan un slogan de protesta en una pared a costa de jugarse la vida. Muchos de los que han adquirido nombre y notoriedad han sido la redimensionalización de su síntoma. Averiguarlos en su intimidad puede llevar sorpresas. No, decididamente no tengo un héroe o maestro que seguir. Me frustró demasiado haber pensado en que el mensaje altruista de Jesús el nazareno se correspondía con el movimiento cristiano que generó y que desde sus principios fue clasista o que el de Marx se correspondía con una praxis personal igualitarista. Hay una diferencia crucial a hacer entre el legado que deja un hombre y las contradicciones en las que incurre en su vida personal. La heroicidad no obliga a ser consecuente con perpetuidad. De hecho los héroes pueden permitirse serlo y ser conservados en la memoria popular porque mueren antes de ser corrompidos por su adaptación a las circunstancias cambiantes. De otra parte su actuación destacada, su acción épica, les libra de la autocrítica y del análisis de sus implicaciones. Eso queda para observadores y estudiosos cuya persistencia analítica e inteligencia crítica no será reconocida nunca como heroica. Me gustaría tener un héroe para los momentos de dudas, alguien que hiciera de algo, de talismán del que chupar energia a modo de cristal mágico para enfrentar otra tanda de avatares. Me gustaría flipar cada vez que viene Amma a Barcelona, y acudir a su encuentro para presentarle mi respeto y recibir su abrazo y así sentirme reconfortado para otra temporada de años. No tengo tanta suerte. No creo en esos protocolos. Ya tuve suficiente cuando asistí a un concierto de Sri Chimoy y consideré una pamplina los que formaron fila para el om shanti. Hubo héroes aunque no creo que puedan ser desenterrados para que nos sirvan en el presente. A lo sumo pueden ocupar el rato en leer una biografía o el tiempo en hacer una filmación. En ambos casos una determinada visión de autor o director influenciará en el lector o espectador para ser más impresionado en unos aspectos. Es inevitable el acto creativo que no incurra en sesgos. La objetividad total en la interpretación de las conductas no existe. Por eso cada devoto de su icono tendrá que repasarlo con otras lecturas para pulirlo o precisarlo. Creo que lo que más nos envuelve de los héroes son actos heroicos puntuales, gestos precisos, anécdotas cruciales dentro de toda una vida más o menos ordinaria. Una vida permanentemente extraordinaria es algo insólito. Es así que valoro más los actos heroicos, tampoco todos, que no los héroes como oficiantes permanentes. El de Sócrates dejándose matar en cambio no el de Cristo dejándose crucificar. La discusión de la necesidad de héroes en cualquiera de sus versiones: ídolos, maestros, gurús, líderes forma parte del temario de madurez. Mientras se sigan necesitando modelos a seguir la gente no estará buscando comprometiendo con su propio, personal e intransferible destino a crear según su voluntad.

