Leer las paredes
Las paredes son una gramática abierta de miles de páginas. En una ciudad dada basta ir siguiendo sus rótulos públicos, espontáneamente, para hacer inferencias significativas de la cultura del entorno. Esto ya es mucho pero, por si fuera poco, hacerlo, permite aprender lo básico del idioma que se habla en ella. Leer las paredes es acudir a una fuente primaria, no menos reveladora por anónima que sea. Leer las paredes es leer los gritos del silencio, cosas de lo marginal que a menudo calla la prensa y contactar con lo más prohibido o excluido. Las paredes contienen una impresionante policromía de tonos de mensajes y una amplia variedad de ellos: desde los más legales y coloridos de los establecimientos comerciales a los más secretos y monocromos de las pintadas reivindicativas. Una pared es el soporte ideal para dar una noticia escueta de una manera impactante que, de ser colocada estratégicamente, invade el campo visual de la gente antes de que se dé cuenta. Su fuerza está en su exiguïdad y requiere de ingenio para decir en una sola frase corta, a veces en una sola palabra, el deseo público de un colectivo determinado.
Las paredes como páginas, a diferencia de las páginas reales de los libros, no pueden aguantar todas las longitudes de texto. Por razones obvias sólo pueden admitir la precisión, hasta el punto que una leyenda en una pared es una invitación a descubrir el silencio que está detrás. Una pintada es el resultado de un canto o de un llanto para despertar una atención. Es una pequeña señal de náufrago de un pueblo silencioso que teniendo mucho por decir vive una historia en la que calla demasiado. Parodiando a Mahatma Gandhi cuando dijo que “El hombre silencioso es aquel que, teniendo la posibilidad de hablar, no dice nunca una palabra de más” [1] se puede comparar a las sociedades de hoy en día como aquellas, que gozando de democracias, en el mejor de los casos, todos sus medios públicos no son suficientes para expresar todo su sentir.
Aparentemente acudir a medios tan primitivos y rudimentarios como las paredes, para reflejar una protesta o un deseo, en un tiempo en que la imagen ha penetrado medularmente a la sociedad resulta absurdo o trasnochado e inútil. No es así. Las paredes han sido, son y seguirán siendo soportes de multitud de mensajes aún en el tiempo de la telemedia, la digitalización e internet. Es la forma rápida y contundente de anunciar algo. En las paredes encontramos casi de todo. Hay lo que no está registrado en otros medios y confirma lo que están en estos con otro tono.
Ciertamente la polivalencia de las fachadas da lugar a toda clase de eventos: desde quien ha heredado la tradición de las pancartas para informar que son recién casados y piden no ser molestados a los que anuncian clases particulares. La orden de leed las paredes no es tanto para prestar atención a las propuestas comerciales que sostienen sino a las propuestas culturales y reivindicativas. En la Francia de los años 70 había pintadas enormes proponiendo lecturas de plataformas editoriales que no tenían otro modo de costearse la publicidad. Tal era el caso de liberation[2].O incluso teniendo otros medios la pintada en el muro tenia un valor simbólico distinto al del spot recuadrado.
La propuesta leed las paredes contiene varios matices. Emula las sugerencias de leer tal o cual cosa. Recuerda que las paredes también están para ser leídas y puede escocer el texto si se entiende que lo que pide es que se lea, y cuando menos que se lean las paredes. Su deliberado formato ambiguo permite un rato de reflexión y provoca alguna perplejidad en caras que necesitan una segunda lectura para entender que va la cosa.
Es una demanda que admite varios sentidos. Induce a preguntar qué significan las paredes. Hay quien cree que las paredes sólo son formas arquitecturales. También son los soportes de los textos urbanos: no sólo los comerciales de las tiendas sino sobre todo los de las pintadas. Las paredes son las páginas de una ciudad. Antes de enterarnos de alguna noticia por los periódicos o del impacto social que está teniendo lo encontramos reflejado en las paredes. Proponer una lectura de paredes es pedir que se tenga una mirada atenta, cuando menos, a lo que en una ciudad escriben sus ciudadanos, o parte de ellos, y particularmente aquellas consignas que no tienen otros medios.
Aparte de las razones que cada grupo, o cada mano equipada con un spry, puedan tener para pintar algo en una pared, parece notorio que se trata de una práctica que no sólo no cesa, sino que con la época del graffitti ha ido en aumento. Nos queda mucho por seguir leyendo y seguirá habiendo motivos para seguir llevando las palabras a las paredes verticales de los edificios.

