De la queja a la documentación punitiva

Escrito por jesusricartmorera 03-12-2012 en General. Comentarios (0)

De la queja a la documentación punitiva.

 

Dentro de las campañas en curso (o es más preciso decir, las líneas y propuestas de campañas) una de ellas  es la de una Iniciativa Penal Popular para los defraudadores del sistema sanitario. Obviamente, se puede/podría extender a cualquier tipo de defraudadores. Más allá de lo que un proyecto de esta envergadura pudiera conseguir (con la correlación de fuerzas parlamentarias no creo que con el ppsoe jugando al pingpong pudiera ser aceptado aunque si metido en sus agendas  por “sus  señorías” entre bostezo y bostezo a partir de la moción de algunos parlamentarios receptivos y simpatizantes de la idea) nos interesa como táctica de movilización, propaganda de nuestra crítica e ideas y aviso claro de que la gente de poder (financiero y político) se arriesga a la denuncia pública y a algun tipo de persecución judicial. Esa IPP conecta con la propuesta de TJP (Tribunal Popular de Justicia) como instrumento desde el que plataformar la idea para ir más allá de la simple denuncia de los malhechores sociales y de los estafadores.  En cuanto las técnicas de Contra-control (dosier de seguimiento actualizado y con la lista ampliable de la gente empeñada en desmontar el país a parte de nuestras biografías) pueden seguir usos simbióticos entre distintos soportes digitales intervinculados. La iniciativa de Carta al Banquero me parece estupenda y presumo que tendrá más acogida que las otras pretensiones (tácticas las unas y estratégica la otra: la del TPJ) porque a la gente le encanta tener un lugar de quejas y descargas un tanto catárticas por las rabias acumuladas y por su sentimiento creciente de una victimidad que ciertamente también va en aumento. De alguna manera las quejas y criticas personalizadas a banqueros (tambien a grandes empresas y entidades comerciales) ya vienen circulando o insertándose en el ciberespacio pero de una manera dispersa y tal vez inefectiva. Puedo citar 3 soportes al respecto: uno el de quejas de una web del Ayuntamiento de Barcelona (recuerdo haber insertado un articulo contra un guardia urbano citándolo por su número que me maltrató durante una manifestación de moteros protestando por la peligrosidad de las vallas-cuchillo de las carreteras, en Vía Layetana hace algunos años ), otro de quejas por los abusos comerciales de un mundo basado en la obsolescencia programada de los productos o la caducidad anticipada (que terminó por cerrar tras las muchas presiones recibidas de los comercios denunciados) y otro en Entreveïns/Entrevecinos en Zoomblog donde escribí un relato de desatención  a falta de la hoja de reclamaciones que no me facilitaron en una sucursal de la Caixa de Pensions (cuando todavía era cliente, craso error) tras tomar  el nombre y los dos apellidos de las dos empleadas que se me rifaron y burlaron diciéndoles: “ningun problema internet es mi oficina de reclamaciones, ahí contaré los hechos y os citaré”. Sin duda saltar de la denuncia genérica a la empresa o  a los mercados en su anonimato y pasar a la denuncia de los dictadores que están detrás significa dos cosas: un salto cualitativo en el proceso denunciativo y un compromiso de cada denunciante con la palabra firmada ya que no puede caer ni en la exageración ni mucho menos en el manejo de afirmaciones falsas o de transpolaciones de cosas oídas/leídas sin corroborar. Más allá de escribirle la carta critica al banquero por una mala gestión hay que exigirle que forme parte del proceso de soluciones y deje de serlo del fiasco general. Ha habido iniciativas (en London) de sacar a los banqueros de sus despachos y emplazarlos a que cuenten sus líos en espacios públicos. En alguna asamblea local (al menos en CdV) también hemos hablado de reunirnos con los gerentes de sucursales para exigirles explicaciones como acción alternativa a ocupar oficinas con gritos o bloqueando sus puertas.

La carta al banquero tal como está explicada por ATTAC puede ser un instrumento de agitación muy importante y de descarga rabiosa completamente legítima (me temo que todos los clientes bancarios tendríamos razones para escribir varios rebuscando en nuestros anecdotarios personales o rememorizando sucesos que nos hayan pasado) pero si no va unido a denuncias muy concretas y personalizadas que puedan ser materiales de expediente para procesamientos judiciales posteriores quedara en eso, en agitación. Lo mismo con cartas equivalentes a políticos, magnatarios y titularios de poderes. Puede ser una de las canteras de las que sacar nombres y expedientes de la ya inmensa colección de indeseables con los que tenemos que bregar. Ciertamente el plan general o el objetivo estratégico ante la banca en su conjunto sería superarla tanto en su dispersión (tesis de una banca nacionalizada a repasar, repensar y valorar en su realismo), como sobre todo en el uso del dinero parafines no-éticos.

 Una campaña a hacer es sacar en masa el dinero de las entidades financieras no éticas y trasladarlo a estas para las operaciones más ordinarias (cobros de entradas mensuales: nóminas y pensiones y pagos de recibos). De hecho la carta a cada banquero tendría un éxito brutal terminando con esa declaración de retirada de fondos de la entidad bancaria en cuestión y estimando en qué cantidades la entidad queda a deber a su cliente maltratado para decidir no tener nunca más trato alguno con ella. Una de las paradojas un tanto bochornosas  del movimiento social compuesto de decenas de miles de personas que piden un cambio de sistema social es que siguen usando las bancas principales del sistema capitalista en una época en que hay otras alternativas (coop57, caixa d'Enginyers, Triodos,…).